Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegria y el sentido del resto. Lo importante de cerrar los círculos es dejar ir momentos de la vida que se van terminando.
Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en repetir el cassette y tratar de entender porque sucedió tal o cual cosa.
NO PODEMOS ESTAR EN EL PRESENTE AÑORANDO EL PASADO. Lo que sucedió, sucedió y hay que soltarlo. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas que ya no existen, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.
El pasado ya paso, no esperes que te lo devuelvan. Suelta el resentimiento. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Dite a tí mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni por soberbia, si no, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa oficina. Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto no hay nada a que volver. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regreses será igual, porque en la vida nada se queda igual, nada es estático.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Es un trabajo personal aprender a vivir solo, sin la compañia humana o física que hoy te duele dejar ir. Cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
¡Esa es la vida!